En argentina el asesinatos de menores ya se volvió una normalidad, en cada caso nuevo que resulta es una cotidianidad, las personas ya no encuentran lugar en el sentimiento de la fe, para que si no van aparecer, descampados, bajo la tierra, otros lugares no creo que encontremos, porqué vivos no van a estar, dicen que la fe es lo último que perdemos, ya nadie cree, noticias en las radios, televisión, teléfonos, donde relatan como fuimos encontrados, No vivos, sino convertidos en una noticia más y recordándonos que la fe parece desvanecerse con cada nuevo caso.
Los nombres no son un dato policial más es un recordatorio de una estructura de violencia que persiste en toda la sociedad, si te violaron es tu culpa, si te matan es tu culpa, porque tenemos que cargar con una culpa si ya no estamos, orgullosa de ser argentina, pero con miedo de ser la o el próximo desaparecido. No queremos ser los próximos en la fila de nombres, detrás de ellos encontramos una vida que tenía paginas por ser utilizadas con tinta, sin embargo, los nombres dejaron de ser personas para convertirse en estadísticas.

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